10 Preguntas sobre las plantas de celulosa

 

 

En Argentina, Chile, Brasil y Uruguay, así como en muchos otros países de América Latina se están instalando plantas de celulosa para la producción de papel. Las empresas que llevan a cabo estos proyectos, con el permiso de nuestros gobiernos, pertenecen a países del primer mundo, donde la plantación de árboles es casi inexistente y los cuidados ambientales son extremos.

En el caso de Uruguay son las empresas Botnia de Finlandia y Ence de España y en otros países de nuestro continente hay de otras nacionalidades. Nos gustaría que nos enviaras información de tu país para publicarla en este sitio y reflexionar sobre las 10 preguntas que a continuación formulamos:

 
 
 

¿La instalación de plantas de celulosa generará empleos en nuestros países?

Analicemos este tema tomando como ejemplo las plantas de producción de celulosa que proyectan instalarse en Fray Bentos, ciudad del litoral uruguayo. Las empresas Ence (España) y Botnia (Finlandia) prometen 300 puestos de trabajo en cada planta. Si lo medimos desde el punto de vista de la eficiencia, observamos que entre las dos plantas prometen una inversión de alrededor de 1.500 millones de dólares, pero la pregunta es:

¿Tanto para tan sólo 600 puestos de trabajo?. Es decir, que para generar cada empleo se requerirán nada menos que US$ 2.500.000.

A su vez, la propia empresa Botnia ha facilitado información donde se desglosan los 300 puestos de trabajo y allí se observa que sólo habrá 8 puestos de trabajo para quienes apenas hayan terminado la educación primaria. Es decir, que los más necesitados serán quienes no conseguirán trabajo en esa empresa.

Por otra parte, las propias empresas se jactan de que con pocos operarios se realizan todas las tareas. Al respecto, al referirse a la planta de última tecnología instalada en la ciudad de Rauma, en Finlandia, Botnia dice que “desde la sala de control un grupo de no más de ocho operarios controla a través de cámaras y software especializado, todo el funcionamiento de la planta…”. Con respecto a la calidad de dichos empleos, no podemos engañarnos y creer que estas empresas van a generar las condiciones para que en nuestros países disfrutemos de las mismas condiciones que disponen, actualmente, los trabajadores españoles o finlandeses.

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Los planes y leyes forestales en el Cono Sur

Cuando se plantaron en la década del 80 y 90 miles y miles de hectáreas de árboles nos dijeron que dicha actividad iba a generar muchos puestos de trabajo. Hemos comprobado, por un lado, que las plantaciones ocupan menos trabajadores por hectárea que la ganadería extensiva y por otro lado, que los trabajadores forestales se encuentran entre los peor pagos y entre los que trabajan en peores condiciones. Además de dejar a los trabajadores librados a la suerte de contratistas y subcontratistas, la mayoría trabaja “en negro”, es decir, que no genera derecho alguno por las labores desarrolladas.

Es importante señalar que estas empresas rebajan los sueldos cuando quieren y cuando sus trabajadores se organizan, los presionan de diversas maneras, creando inseguridad al transferirlos de un lugar de trabajo a otro u ofreciéndoles sumas importantes para que se vayan.

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Ejemplo de Chile

Chile tiene una larga y triste historia en materia de plantaciones y plantas de celulosa. Al respecto, resulta ilustrador el informe de una investigación llevada a cabo por la Economista Consuelo Espinosa, investigadora de la Fundación TERRAM de Chile. El mismo se titula " Evaluación de los impactos de la producción de celulosa”. El trabajo plantea que específicamente, en la industria de celulosa, se ha evidenciado una continua capitalización, es decir, una creciente sustitución del factor trabajo por capital. Esto implica que por cada unidad adicional de producto elaborado se utiliza cada vez menos mano de obra. Es decir, que la industria genera cada vez menos empleos.

El estudio menciona que al analizar los niveles de pobreza en las regiones forestales, específicamente donde están instaladas las plantas de celulosa y donde se registran las mayores extensiones de plantaciones, se evidencia que éstas albergan los mayores índices de pobreza del país. Asimismo, al analizar los niveles de pobreza a escala comunal, se puede observar que en aquellas comunas donde se encuentran ubicadas plantas de celulosa, la tasa de pobreza (pobres e indigentes) entre 1994 y 1998 aumentó promedialmente más de un 29%.

Es decir, que la realidad chilena –con plantaciones parecidas a las existentes en Uruguay y con modernas plantas de celulosa- demuestra en hechos concretos que tanto las plantaciones como las plantas de celulosa conexas no sólo no mejoran el empleo, sino que generan niveles de pobreza e indigencia superiores a los de áreas sin dichas plantas industriales.

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Estas empresas mienten y se contradicen

Frente a esa realidad ¿cómo es posible creer que las cifras que manejan las empresas sean ciertas? Si fuéramos a confiar en las afirmaciones de los directivos de Ence y Botnia, la población entera de Fray Bentos no alcanzaría para cubrir los puestos de trabajo que prometen.

Como habrás leído en los primeros párrafos de este artículo, las empresas hablaban de un total de 600 puestos de trabajo, si embargo, la empresa Botnia, respondiendo a preguntas que se le plantearon en el 2º Foro realizado en Fray Bentos, afirmó que “el proyecto generará directa o indirectamente 8.000 puestos de trabajo cuando la planta esté en operación”, agregando que “aproximadamente 3.000 de ellos estarán en el departamento de Río Negro”.

Las cifras obviamente no cierran. Otra contradicción es que Ence habla de 16.000 a 20.000 puestos y Botnia de 8000 ¿Cómo puede una planta la mitad de grande que la otra generar más del doble de empleos?

El tema se complica más aún con las estimaciones de la representante de Botnia en Uruguay, quien dice que los "empleos indirectos" serán 2.700. Sin embargo, cuando explican esa cifra incluyen los empleos en cosecha, plantación, vivero, transporte y " otros rubros que hacen a una empresa de celulosa ". Sin embargo, esos empleos (de ser ciertos), se generarían independientemente de la instalación de la planta de celulosa, simplemente haciendo lo que ya se está haciendo: producir plantas, plantar, cosechar, transportar y embarcar los troncos con destino a España y Finlandia.

Por otro lado, hasta la cifra máxima de 8.000 empleos de Botnia se contradice con el "Estudio del impacto socio-económico del Proyecto Planta de Celulosa Botnia S.A. en Uruguay" (mayo 2004), cuyas cifras totales de empleos oscilan entre 2.000 en el año 2005 y 4.300 en el año 2016.

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¿La industria celulósica no desplazará otras fuentes de empleo?

Parece poco creíble sostener que una actividad como la producción de celulosa, que resulta en malos olores, contaminación hídrica, aérea y acústica no vaya a tener impactos sobre otras fuentes de empleo, en particular aquellas vinculadas al sector turístico. En este sentido, es importante traer a colación los impactos producidos por Ence en Pontevedra (España) www.ecoportal.net/content

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Caso Fray Bentos- Uruguay

En un estudio llevado a cabo recientemente en la ciudad de Fray Bentos (Litoral uruguayo) se constató que entre julio 2003 - julio 2004, el 15% de los encuestados trabajó en el sector turístico (12% en el balneario Las Cañas). Esos porcentajes implican un promedio de 1275 personas, que para una ciudad como Fray Bentos (con una población económicamente activa de 8500 personas) es una cifra muy importante.

Resulta evidente que la sola existencia de malos olores –sin contar la posible contaminación de las aguas del río Uruguay- podría provocar una huida de turistas, con la consiguiente pérdida de empleos. Al hablar entonces de los 600 empleos que generarían las dos plantas juntas, habría que tener claro que un número similar o superior de empleos podrían perderse en el sector turístico.

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Impactos en la agropecuaria

Otra producción que podría ser gravemente afectada en Uruguay es la apicultura. No creemos que sea casual que entre las condiciones impuestas a Ence por la DINAMA (Dirección Nacional de Medio Ambiente) se encuentra la de "proponer un seguimiento del impacto sobre la producción apícola. Esto demuestra que la DINAMA considera que las emanaciones de la planta podrían ser peligrosas para las colmenas y para la miel.

Además de los riesgos de mortandad de abejas, la producción melífera correría riesgos en mercados de exportación europeos, que ya aseguraron rechazarán la miel por contener elementos tóxicos provenientes de las plantas de celulosa, marcando un radio preventivo de unos 100 km a la redonda.

Otro rubro importante en esta zona es la lechería, que genera puestos de trabajo en un 80% por sobre los generados en la forestación. También podrían verse afectadas la pesca (por mortandad o contaminación de peces) y la agricultura orgánica.

En síntesis, la generación de los ya famosos 600 empleos prometidos para esta región del país, podría terminar en un balance netamente negativo en materia de puestos de trabajo para la gente de la zona, agravado por el hecho de que muchos de esos empleos –en particular los más técnicos- serían ocupados por gente de fuera del departamento e incluso del país.

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Caso Valdivia- Chile

A lo anterior se suma que el radio de impacto de los malos olores puede llegar a los 60 kms (como en el caso de la ciudad de Valdivia en el sur de Chile, afectada por los olores de una planta de celulosa ubicada a 54 kms de distancia), por lo que también se podrían ver afectadas las recientemente desarrolladas y promocionadas estancias turísticas.

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¿Estas empresas prometen invertir en Uruguay 1.500 millones de dólares, cuanto prometen invertir en tu país?

Lo primero a señalar es que ese dinero jamás será visto en Uruguay. La razón es muy sencilla: la mayor inversión es en la maquinaria y los equipos, que son fabricados en los países de donde tienen origen estas empresas. Por lo tanto, varios cientos o tal vez más de 1000 millones de dólares nunca van a llegar a Uruguay ni a ningún país de Latinoamérica.

En otras palabras, la inversión real en Uruguay, de ambas plantas sumadas (la española y finlandesa) será de 300 millones, en tanto que los 1.200 millones restantes, correspondientes al 80% de las inversiones que vienen del extranjero vuelven al lugar de origen.

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¿Aumentará la recaudación de impuestos?

Generalmente las empresas que se instalan en nuestros países hacen lo posible por buscar mecanismos para pagar la menor cantidad de impuestos posible.

Estas empresas pretenden un "marco legal o fiscal adecuado" o incluso presionan en los parlamentos buscando "ventajas económicas y fiscal a efectos de poder seguir adelante con sus proyectos ".

Por otro lado, en el caso de Uruguay, tanto Botnia como Ence ya han presionado para que se las autorice a instalarse en zona franca, sistema que libera obligaciones de tributos nacionales, creado o a crearse.
La existencia de las exenciones aduaneras y fiscales, transforman a las zonas francas uruguayas en verdaderos paraísos fiscales. Esto significa que el Estado uruguayo no recaudará prácticamente nada en caso de que acceda al pedido de las empresas.

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¿La opción es entre exportar troncos y chips o exportar celulosa?

Frente a quienes están preocupados viendo como la madera es cargada en barcos como troncos o como "chips", es importante decir que la celulosa es la peor opción entre las otras alternativas posibles.

Hay otras alternativas

Una de las posibles alternativas es el desarrollo de una industria integrada de la madera, orientada tanto hacia el consumo interno como hacia la exportación. Ella incluiría aserraderos, plantas de laminado, fabricación de tableros de fibra o aglomerados, fabricación de parquet, mueblerías, carpinterías y toda la gama posible de actividades industriales con base en la madera. Todo el sector podría ser activado a nivel nacional si se diseñaran viviendas de madera para atender las necesidades de las miles de personas que hoy se alojan en viviendas precarias en los barrios marginales de todas las ciudades de nuestros países.

Los capitales necesarios para esos tipos de actividades industriales son infinitamente menores a los requeridos para las plantas de celulosa, por lo que podrían ser encaradas por capitales nacionales. Por otro lado, generarían muchos más empleos estables que las plantas de celulosa y sus posibles impactos ambientales podrían ser reducidos a su mínima expresión.

Al mismo tiempo, el desarrollo de la industria de la madera podría complementarse con la promoción del uso de la leña como combustible industrial, comercial y residencial.

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¿Las Plantas de Celulosa resolverían qué hacer con la madera ya existente?

Tomando como ejemplo el caso de Uruguay, lo primero a resaltar es que –en caso de instalarse- estas empresas no usarían madera de plantaciones ubicadas a distancias donde los costos de transporte aumenten sustancialmente el costo de la materia prima. Es por ello que ya están comprando más tierras en las inmediaciones de la ciudad de Fray Bentos y ellas mismas han declarado que van a necesitar forestación adicional. Es decir, que gran parte de la madera de esas 600.000 hectáreas plantadas no va a tener como destino final la producción de celulosa en el país.

El resultado final de la instalación de plantas de celulosa sería entonces la consolidación y expansión aún mayor de un modelo de monocultivos forestales a gran escala que genera importantes impactos ambientales y agrava el éxodo rural.

Es importante señalar, por un lado, que legalmente las empresas pueden plantar en cualquier tipo de suelo (haya sido o no declarado "de prioridad forestal"). Por otro lado, los llamados "suelos de prioridad forestal" han sido falsamente presentados como de baja productividad agrícola-ganadera. En realidad, la productividad de esos suelos sólo ha sido medida en términos de producción de carne y lana (índice CONEAT bajo) y no de producción agrícola. Pero en todos los casos son suelos capaces de producir alimentos o de sustentar una producción forrajera que sea, a su vez, alimento para el ganado.

Entonces, lo más preocupante de la consolidación de este modelo forestal sería la ampliación de las áreas forestadas hacia más tierras aptas para la producción alimentaria, las que –obviamente- resultan excelentes para el crecimiento de los árboles. Más grave aún, implicaría que –con el fin de bajar costos - se siguiera plantando en las tierras más cercanas a las instalaciones fabriles, los departamentos de Río Negro, Paysandú y Soriano, donde se encuentran las mejores tierras de Uruguay.

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¿Es necesario producir más papel?

Cuando se piensa en papel, generalmente se piensa en libros, cuadernos, información escrita. Sin embargo, la mayor parte de la celulosa que se produce termina en cartón para empaquetado, papel de embalaje y papeles descartables.

La realidad muestra que la mayor parte del papel que se produce nunca estuvo destinada a satisfacer reales necesidades humanas, sino a crear niveles de consumo innecesarios que aseguran la rentabilidad de la industria de la celulosa y el papel. Sin embargo, la industria alimenta el mito de identificar al alfabetismo con el consumo de papel. Las cifras mundiales al respecto desmienten esta afirmación repetida una y mil veces.

A modo de ejemplo: Mientras la población de España (país de origen de Ence) y la de Finlandia (país de origen de Botnia) tienen un 99% de alfabetización, Uruguay llega al 97,7%. Es decir, que la diferencia no es muy grande en ese sentido. Entonces, ¿cómo se explica que el consumo anual de papel en Uruguay sea de unos 40 kilos per-cápita mientras que el de España alcanza los 167 kilos y el de Finlandia (campeón mundial en la materia) trepa a 430 kilos también per-cápita?

Dado que en Uruguay no se percibe ninguna escasez de papel, cabe preguntarse por qué este país debe exportar celulosa para que los finlandeses y los españoles sigan consumiendo esas cantidades enormes de papel. Y que quede claro: la celulosa a producirse no va a terminar en cuadernos para niños de escuela uruguayos, paraguayos, chilenos o peruanos, sino que se va a exportar.

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¿Las modernas plantas de celulosa no contaminan?

La industria de la celulosa tiene una larga historia de contaminación en el mundo y particularmente en los países industrializados. Si bien es cierto que algunas empresas han introducido mejoras en sus procesos industriales en los últimos tiempos, también es cierto que ello ha sido producto de la larga y dura lucha de la sociedad civil y no de decisiones voluntarias adoptadas por la industria.

Entonces, como en sus propios países se ha demostrado que se puede mejorar y como además se ha demostrado que la recuperación de los recursos naturales contaminados es muy costosa en dinero y en tiempo requerido, las normativas ambientales de esos países se han tornado muy exigentes a la hora de autorizar la instalación de una nueva planta, lo que conlleva altísimos costos.

Esas mismas empresas saben que en países como el nuestro esos costos se pueden abatir sustancialmente: tierra y mano de obra baratas, crecimiento rápido de los árboles, acceso ilimitado al agua y, por sobre todo, que los controles ambientales serán mucho más flexibles que en sus países de origen.

Lo cierto es que la mayoría de las plantas de celulosa emiten fuertes olores a causa de los compuestos de azufre. El olor penetrante de estas sustancias ha sido reconocido por largo tiempo como un problema ambiental. Pero sólo recientemente los estudios epidemiológicos han evidenciado los posibles efectos en la salud humana como consecuencia de la exposición a estos compuestos a niveles comúnmente presentes en las proximidades de una planta de celulosa.

Nada menos que un estudio finlandés (Estudio de la Contaminación del Aire de Karelia del Sur) muestra que la exposición a compuestos malolientes del azufre aumenta el riesgo de infecciones respiratorias agudas. Este estudio reafirma la evidencia de que la exposición a largo plazo aumenta los síntomas del tracto respiratorio con niveles de exposición mucho más bajos de los que podría esperarse tomando en cuenta los conocimientos actuales de la toxicología de estos compuestos.

Cabe traer a colación el Convenio de Estocolmo que plantea la eliminación de los llamados C.O.B ( Contaminantes Orgánicos Persistentes ), entre los que se encuentran las dioxinas ( ultravenenos cancerígenos ) y furanos ( son grupos de compuestos heterocíclicos -C4H4O-, el cual posee un anillo con cuatro átomos de carbono y uno de oxígeno).

El agua

Por otra parte, las plantas de celulosa utilizan enormes cantidades de agua. La demanda de agua fresca puede dañar los hábitat cercanos a las plantas de celulosa, reduce los niveles de agua y cambia la temperatura del agua, ambos factores ambientales críticos para la vida en el medio acuático. Si bien los efluentes líquidos son mucho menos tóxicos que hace diez años, aún siguen conteniendo elementos tóxicos, tanto para la vida acuática como para los seres humanos. Además, siempre está presente el riesgo de accidentes reales o vertidos intencionales que, debido a las enormes dimensiones de estas plantas pueden resultar en la contaminación de cursos de agua completos, con los consiguientes daños para las poblaciones aledañas y para la flora y fauna acuáticas.

Otro elemento con el que se pretende manipular a la opinión pública local es el que dice que el volumen de los desechos municipales es enorme y no se dice nada. La respuesta obvia es que una cosa mal hecha no justifica que otra igual o peor también se pueda hacer. Pero además hay que tener presente que no se pueden medir de la misma manera los desechos municipales que los de una actividad industrial, ya que estos últimos no tienen la capacidad de biodegradarse como sí la tienen los municipales.

Morir contaminado o morir de hambre

Podemos entender –aunque no compartir- la visión de personas que dicen “prefiero morir contaminado antes que morir de hambre”. Nadie debería estar en esa terrible disyuntiva de tener que elegir entre dos tipos de muerte en países con enormes recursos alimenticios como los nuestros. Los gobiernos deben asegurar que la gente no tenga que optar por ninguna de ellas y debe asegurar empleo y ambiente sanos para toda la población.

Pero además, nada puede asegurar que además de no conseguir empleo, mucha gente se pueda ver afectada en su salud y terminar muriendo de enfermedades vinculadas a la producción de celulosa. El Convenio de Estocolmo ya mencionado no está en vigencia por capricho. Está en vigencia porque ya se conocen los impactos negativos de los C.O.B ( Contaminantes orgánicos persistentes ) que emiten las plantas de celulosa.

Ese tipo de contaminación, muchas veces ni se ve ni se huele, pero está presente en el ambiente y afecta la salud de la gente al irse bio acumulando a través de la cadena alimenticia, es decir que se incorpora a los tejidos grasos de los distintos animales comestibles, pudiendo llegar a la especie humana. Esto significa que la contaminación permanece por un muy largo tiempo.

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¿Los Estados controlarán?

Resulta difícil confiar en que nuestros estados vayan a poder controlar a estas empresas... al menos la experiencia de Chile ya lo ha demostrado. Por un lado, hay que tener en cuenta que para realizar controles reales y estrictos, no sólo se precisa la capacitación de personal idóneo, sino que además se requiere disponer de una adecuada infraestructura en equipos que midan los contaminantes.

Resulta impensable alcanzar este objetivo en un mediano plazo, al menos en Uruguay, dado que, por ejemplo, un sólo equipo para medir dioxinas cuesta alrededor de 300 mil dólares. A ello se agrega que habría que controlar los efluentes líquidos y las emisiones aéreas de dos gigantescas plantas que funcionarían las 24 horas del día.

Pero además, cabe preguntarse qué pasaría si se constataran violaciones en materia de emisiones. ¿Se aplicaría una multa? ¿Dos multas? ¿Se clausuraría la planta? Basta ver lo que ha pasado con las plantas de Ence en España o con la chilena con tecnología finlandesa en Valdivia, para darse cuenta que estas plantas jamás son clausuradas, por más contaminación que produzcan.

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¿La instalación de las plantas de celulosa mejorará las condiciones de vida de la población de la zona?

Por cierto que la calidad de vida de la mayoría de los habitantes de nuestro continente está marcada por la pobreza. Nuestros pueblos del sur son empujados por mecanismos comerciales y financieros internacionales al empobrecimiento y la marginación, seducidos por el modelo consumista y con la frustración de no alcanzar el éxito que se promociona por los medios masivos de comunicación.

También podemos ver la realidad con otros ojos y reconocer que las condiciones ambientales en que viven los habitantes de Fray Bentos ( Ciudad del litoral uruguayo ) es muchísimo mejor que las de muchas ciudades europeas, debido a la calidad del aire, la calidad del agua, las condiciones acústicas, el paisaje...

Las empresas celulósicas POR ALGUNA RAZÓN se instalan sobre la costa de los ríos. Ganas tendrían, pero no se atreven a decir que con sus acciones los ríos mejorarán, que el aire será más respirable, que disminuirán los ruidos, que habrá menos riesgos de "accidentes", que habrá menos afecciones pulmonares o incidencias de cáncer a lo largo de las décadas en que estas plantas estén en producción. La calidad de vida no está solamente determinada por el dinero... calidad de vida también es calidad ambiental

La migración

La construcción de las plantas siempre tiene impactos migratorios, sea internos de cada país o desde un país a otro. En el caso de las plantas que se instalarán en Uruguay, supongamos cierto y positivo que la construcción demandará durante un par de años la mano de obra de unos miles de obreros de la construcción.

Obviamente, en estos tiempos, si hay oportunidades de trabajo, vendrán de todos los pueblos de la región, incluso de Argentina, Brasil, Paraguay, Bolivia. Mayoritariamente la mano de obra demandada será masculina. ¿Impactará esto en las condiciones de vida de la población lugareña? ¿Querrá y/o podrá el estado uruguayo, brindar los necesarios servicios financieros, de seguridad, transporte, educación, salud, etc.? Seguramente el sector privado se apurará en brindar, por ejemplo, un eficiente servicio de burdeles, bares y cabaret ¿mejorará esto las condiciones de vida?

Muchos trabajadores traerán sus familias. ¿Qué será de ellas cuando la obra haya finalizado?

Es cierto que habrá en Fray Bentos algunos centenares de familias con altos ingresos, no sólo de quienes trabajen en las plantas sino en bancos, empresas contratistas y una despreciable cantidad de proveedores de drogas, especuladores y contrabandistas, que por cierto incrementarán ¨ la economía ¨ de la región.

Continuando con el caso de Uruguay, la instalación de las plantas cambiará sin dudas las condiciones de vida de los pobladores de Fray Bentos y de la región. Con estas plantas de celulosa quedará marcado un antes y un después.

Hay otras alternativas: una sociedad integrada como la uruguaya, pacífica, educada, en una región agroecológica privilegiada, no sólo puede revertir la pobreza hoy imperante, garantizando alimentación, cobijo y comunidad, sino que puede dar continuidad a su identidad cultural e insertarse en el mundo desde la producción de alimentos sanos. Tenemos tierra, tenemos manos, agua y el aire más limpio del continente y tenemos todavía la juventud de un pueblo que es joven aún.

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