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¡NUEVOS! ...
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La
creación
La mujer y el hombre soñaban
que Dios los estaba soñando. Dios los soñaba
mientras cantaba y agitaba sus maracas, envuelto
en humo de tabaco, y se sentía feliz y
también estremecido por la duda y el misterio.
Los indios makiritare saben
que si dios sueña con comida, fructifica
y da de comer. Si Dios sueña con la vida,
nace y da nacimiento.
La mujer y el hombre soñaban
que en el sueño de Dios aparecía
un gran huevo brillante. Dentro del huevo, ellos
cantaban y bailaban y armaban mucho alboroto,
porque estaban locos de ganas de nacer. Soñaban
que en el sueño de Dios la alegría
era más fuerte que la duda y el misterio;
y Dios, soñando creaba, y cantando decía:
Rompo este huevo y nace la mujer
y nace el hombre. Y juntos vivirán y morirán.
Pero nacerán nuevamente. Nacerán
y volverán a morir y otra vez nacerán.
Y nunca dejarán de nacer, porque la muerte
es mentira.
( del libro Memorias del fuego)

El mundo
Un hombre del pueblo Neguá,
en la costa de Colombia, pudo subir al alto cielo.
A la vuelta, contó.
Dijo que había contemplado, desde allá
arriba, la vida humana. Y dijo que somos un mar
de fueguitos.
El mundo es eso- reveló-.
Un montón de gente, un mar de fueguitos.
Cada persona brilla con luz
propia entre todas las demás. No hay dos
fuegos iguales. Hay fuegos grandes y fuegos chicos
y fuegos de todos los colores. Hay gente de fuego
sereno, que ni se entera del viento, y gente de
fuego loco, que llena el aire de chispas.
Algunos fuegos, fuegos bobos,
no alumbran ni queman; pero otros arden la vida
con tantas ganas que no se puede mirarlos sin
parpadear, y quien se acercan, se enciende.
(El libro de los abrazos)

Los
colores
Eran blancas las plumas de
los pájaros y blanca la piel de los animales.
Azules son, ahora, los que
se bañaron en un lago donde no desembocaba
a ningún río, ni ningún río
nacía.
Rojos, los que se sumergieron
en el lago de la sangre derramada por un niño
de la tribu Kadiueu. Tienen el color de la tierra
los que se revolcaron en el barro, y el de la
ceniza los que buscaron calor en los fogones apagados.
Verdes son los que frotaron sus cuerpos en el
follaje y blancos los que se quedaron quietos.
(del libro Memorias del fuego)

La llegada
El hijo de Pilar y Daniel
Weinberg fue bautizado en la costanera. Y en el
bautismo le enseñaron lo sagrado.
Recibió una caracola:
-Para que aprendas a amar
el agua
Abrieron la jaula de un pájaro
preso:
-Para que aprendas a amar
el aire
Le dieron una flor al malvón.
-Para que aprendas a amar la tierra.
Y también le dieron una botellita cerrada:
-No la abras, nunca. Para que aprendas a amar el misterio.
(del libro Las palabras andantes)

El espejo
Solea el sol y se lleva los restos de sombra que ha dejado la noche. Los carros de caballos recogen, puerta por puerta, la basura. En el aire tiende la araña sus hilos de baba.
El tornillo camina las calles de Melo. En el pueblo lo tienen por loco. EL lleva un espejo en la mano y se mira con el ceño fruncido. No quita los ojos del espejo.
- ¿Qué haces, Tornillo?
-Aquí- dice-. Controlando al enemigo
(Las palabras andantes)

El jugador
Aquel no era un domingo cualquiera del año 67. Era un domingo de clásico. El club Santa Fé definía el campeonato contra el Millonarios, y toda la ciudad de Bogotá estaba en las tribunas del estadio. Fuera del estadio, no había nadie que no fuera paralítico o ciego.
Ya el partido estaba terminando en empate, cuando en el minuto 88 un delantero desl Santafé, Omar Lorenzo Devanni, cayó en el área, y el árbitro pitó penal. Devanni se levantó, perplejo: aquello era un error, nadie lo había tocado, él había caído porque había tropezado.
Los jugadores del Santafé llevaron a Devanni en andas hasta el tiro penal. Entre los tres palos, palos de horca, el arquero aguardaba la ejecución. El estadio rugía, se venía abajo.
Y entonces Devanni colocó la pelota sobre el punto blanco, tomó impulso y con todas asus fuerzas disparó muy afuera, bien lejos.
(inédito en libros)

Obdulio
Sorpresa en el estadio Maracaná: Uruguay gana el campeonato mundial de fútbol de 1950.
Al anochecer, Obdulio Varela huye del hotel, asediado por periodistas, hinchas y curiosos. Obdulio prefiere celebrar en soledad. Se va a beber por ahí, en cualquier cafetín; pero por todas partes encuentra brasileños llorando.
-Todo fue por Obdulio- dicen, bañados en lágrimas, los que hace unas horas vociferaban en el estadio-. Obdulio nos ganó el partido.
Y Obdulio siente estupor por haberles tenido bronca, ahora que los ve de a uno. La victoria empieza a pesarle en el lomo. El arruinó la fiesta de esta buena gente, y le vienen ganas de pedirles perdón por haber cometido la tremenda maldad de ganar. De modo que sigue caminando por las calles de Río de Janeiro, de bar en bar. Y así amanece, bebiendo, abrazado a los vencidos.
( Memoria del fuego)

La función del arte/ 1
Diego no conocía la mar. El padre, Santiago Kovadloff, lo llevó a descubrirla.
Viajaron al sur. Ella, la mar, estaba más allá de los altos médanos, esperando.
Cuando el niños y su padres alcanzaron por fin aquellas cumbres de arena, después de mucho caminar, la mar estalló ante sus ojos. Y fue tanta la inmensidad de la mar, y tanto su fulgor, que el niño quedó mudo de hermosura.
Y cuando por fin consiguió hablar, temblando, tartamudeando, pidió a su padre:
¡Ayúdame a mirar!
(El libro de los abrazos)

La historia del arte
Un buen día la alcaldía le encargó un gran caballo para una plaza de la ciudad. Un camión trajo al taller el bloque gigante de granito. El escultor empezó a trabajarlo, subió a una escalera, a golpes de martillo y cincel. Los niños lo miraban hacer.
Entonces los niños partieron de vacaciones, rumbo a las montañas o el mar. Cuando regresaron, el escultor les mostró el caballo terminado. Y uno de los niños, con ojos muy abiertos, le preguntó:
-Pero... ¿Cómo sabías que adentro de aquella piedra había un caballo?
(Días y noches de amor y de guerra)

El peligro
La A tiene las piernas abiertas
La M es un subibaja que va y viene entre el cielo y el infierno.
LA O círculo cerrado, te asfixia.
La R está notoriamente embarazada.
-Todas las letras de la palabra AMOR son peligrosas- comprueba Romy Díaz- Perera.
Cuando las palabras salen de la boca, ella las ve dibujadas en el aire.
(Las palabras andantes)

Mensaje
de Eduardo Galeano (escritor uruguayo) para
los amigos de la Tierra.
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